LA INDUSTRIA LÁCTEA EN EL DESARROLLO RURAL

LA INDUSTRIA LÁCTEA EN EL DESARROLLO RURAL

La columna vertebral económica de las zonas rurales europeas es la industria agroalimentaria, que contribuye a hacer de los pueblos y aldeas lugares en los que merece la pena residir. De otra manera muchas zonas de Europa tendrían un sombrío futuro por delante.

En Europa, el sector agrícola opera bajo la Política Agraria Común (PAC), que es la responsable de dar respuesta a los nuevos desafíos del sector y está comprometida con la creación de zonas rurales dinámicas, la preservación del paisaje rural y el mantenimiento del relevo generacional en las actividades en el campo.

A pesar del crecimiento urbano, el sector lácteo contribuye al mantenimiento de zonas rurales seguras, resilientes y sostenibles. El ganado lechero es un recurso popular en las zonas rurales debido a su contribución al medio de vida rural. De hecho, la leche es uno de los productos agrícolas que más se produce a nivel mundial, generando un valor económico de 57,3 billones de euros en Europa en 2018.

El sector lácteo es un sector estratégico en el ámbito agroalimentario español debido a su relevancia económica y a su contribución al desarrollo y fijación de la población rural. La ganadería lechera posee un importante papel en términos de ordenación del territorio, de empleos en el medio rural y de desarrollo económico, medioambiental y social de numerosas regiones agrícolas europeas. En el caso de España, se ha observado esta situación principalmente en zonas de la cornisa cantábrica. De todos los subsectores ganaderos, el lácteo es el segundo en importancia por detrás del porcino. Toda la cadena de producción y transformación láctea genera en España más de 11.820 millones de euros al año y da empleo a cerca de 80.000 personas. Además, favorece una importante actividad económica en varios sectores conexos, como el logístico. En 2018 la industria láctea europea produjo 172.2 millones de toneladas de leche, un 0,9% más que en 2017.

Muchas granjas lecheras son explotaciones familiares, lo que ayuda a convertir los territorios rurales en lugares ideales para vivir y trabajar. Estas granjas familiares mantienen a las diferentes generaciones viviendo juntas en un entorno rural, animando a los más jóvenes a involucrarse en ese mismo estilo de vida.

Una de las ventajas de estas pequeñas granjas familiares reside en el hecho de que su producción láctea está muy ligada a los sostenibles sistemas extensivos. La ganadería extensiva aprovecha eficientemente los recursos de un territorio con las especies y razas más adecuadas, compatibilizando la producción de materias primas de calidad con la sostenibilidad. Además es capaz de generar importantes servicios ambientales y sociales para el territorio rural. Normalmente contempla aspectos clave como la utilización de razas autóctonas, la transumancia, el bienestar animal o el manejo de los recursos disponibles de cada zona. Aspectos, todos ellos, muy en la línea de los objetivos marco de la Unión Europea dentro de los programas Horizonte 2020 y Horizonte Europa.

Por otro lado, la industria agroalimentaria es uno de los activos más populares entre las mujeres rurales en los países en desarrollo, donde 37 millones de granjas lecheras están lideradas por mujeres.

La constitución de organizaciones de productores o cooperativas, que ofrecen importantes interacciones entre territorio, innovación, calidad de producto y acciones colectivas, es una alternativa común en las zonas rurales de cara a mejorar su competitividad frente a las grandes industrias.

La creación de denominaciones de origen, las marcas colectivas y otras formas de identificación geográfica son ejemplos de acciones colectivas. Actualmente Europa cuenta con más de 300 quesos y productos lácteos de calidad registrados. En los últimos años, se está produciendo un importante relevo generacional en el campo europeo. Así, como consecuencia de la crisis económica, la mentalidad en el medio rural está cambiando y se está dando paso a jovenes que no son meramente agricultores o ganaderos. Esta nueva generación rural se caracteriza por recibir asesoramiento especializado, poseer mayor capacitación o ser capaz de tramitar subvenciones y ayudas. Además, se involucra con las nóminas y cuida de la tierra y el ganado, reivindicando sus derechos y negociando con más dureza que sus ancestros. De hecho, esta nueva generación entiende que ha de asociarse para conseguir sobrevivir y ve, por tanto, necesario ampararse bajo las marcas de calidad de su producto o región. Es una generación que comprende la internacionalización y la globalización, y apuesta por ellas de cara a un mejor futuro.

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